¿Notas que tus ventas se han estancado? ¿Necesitas reconectar con tus clientes? Si te planteas estas cuestiones, probablemente, también estés barajando la posibilidad de redefinir tu marca, de llevar a cabo un proceso de rebranding. Seguramente quieres cambiar la percepción de tu marca en tu mercado objetivo y adaptarla mejor a sus nuevos gustos.

 

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¿Qué es el rebranding?

El rebranding consiste en una transformación, con un marcado carácter estratégico, que se origina en el interior de la empresa y se proyecta hacia el exterior. Normalmente, las causas que hay detrás de la necesidad de iniciar este proceso tienen que ver con los siguientes factores:

 

  • La pérdida de cuota de mercado.
  • La aparición de problemas de posicionamiento.
  • Problemas de imagen y reputación de la marca.

 

En definitiva, un proceso de rebranding es necesario cuando la marca no goza de buena salud y un simple cambio estético no es suficiente, sino que necesita de una renovación más profunda, aunque para ser efectivo debe mantener la esencia de la marca.

Tipos de rebranding

En función de los fines que persiga el rebranding, pueden haber diferentes maneras de abordarlo. En algunos casos, el objetivo será la adaptación a una nueva realidad, fruto de los avances tecnológicos que se han producido; en otras ocasiones, puede ser fortalecer la imagen de la marca o abrirse a nuevas opciones de público, nuevas categorías o nuevos mercados.

Así pues, a grandes rasgos, podemos hablar de los siguientes tipos de rebranding:

 

  1. Rebranding total. Consiste en una transformación de fondo. Implica, incluso, el cambio de nombre de la marca, como hicimos en el proyecto para N+1 que rebautizamos como Alantra,  o Unipapel que pasó a ser Adveo.
  2. Rebranding parcial. Se trata de un cambio de estilo y lo que busca es actualizar sus servicios, mercado o identidad. Puede afectar al logo o los colores corporativos, y se diferencia del rebranding total en que la introducción de ajustes se centra en puntos estratégicos. Es el caso que llevamos a cabo para rtveferrovial o Banca March.

 

También Apple, McDonald’s o Burberry son ejemplos de marcas que confían en el branding para estar más alineados con ciertos segmentos de su audiencia. Esta maniobra estratégica les ha permitido mejorar su reputación y atraer a nuevos consumidores.

 

¿Cuándo hay que llevar a cabo un rebranding?

El inicio de un nuevo año, un cambio de estación o el lanzamiento al mercado de un producto innovador pueden no ser razones suficientes para justificar un rebranding. Pero, si entre los objetivos que se persiguen está aumentar el número de visitas a la web, las tasas de conversión, el recuerdo publicitario o la facturación, por citar algunos, entonces sí que pueden ser un buen momento para llevar a cabo un proceso de rebranding.

Pero por supuesto, antes de tomar una decisión es necesario saber cómo quieres que tu marca sea percibida y qué credibilidad tienes para pretenderlo.

Si buscas que el mercado vea tu producto o servicio como una alternativa diferente, que proporciona un servicio distinto y que cuenta con el respaldo de una marca asociada a una serie de valores, entonces debes analizar si, en el presente esto se está consiguiendo o no.

También Samsung, Leroy Merlin, Fanta, Nokia, Shell, BP, Doritos, Sega, Lacoste, Twitter, Firefox o Google son solo algunos ejemplos del poder del cambio.

Apostar por el rebranding implica entender que no se tratará de un mero restyling, aunque como resultado, pueda cambiar la imagen. Se debe evaluar los pros y contras del cambio, en sus diferentes repercusiones, así como el coste y tiempo necesarios.

 

¿Qué hay que tener en cuenta en un proceso de rebranding?

Al poner en marcha un proyecto de rebranding es preciso tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

  1. La identidad corporativa, las fortalezas, debilidades y principales atributos de la propuesta de valor.
  2. Los objetivos que se quieren alcanzar con el rebranding y la forma de medir el valor que se espera conseguir.
  3. La transformación cultural de la organización en el ámbito interno y su proyección exterior: elementos de identidad visual, como el logo o los colores de la marca.

 

Y por supuesto, estudiar la competencia y conocer mejor a tus clientes, para sorprenderles de forma positiva, pero sin perder la esencia de tu marca.

 

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