Transformation Pie #18 – El proyeccionista invisible

Vi hace muchos años una película argentina titulada “El viento se llevó lo que”. Ambientada en los años 70, cuenta la historia de una taxista de Buenos Aires que, harta de la ciudad y de su trabajo, roba el coche de su jefe y huye hasta un pueblo perdido en la Patagonia.

El único contacto de ese pueblo con el exterior era el cine. Las películas llegaban a través de un motorista desgarbado que las transportaba por caminos polvorientos. Por el camino, los rollos se caían, se enredaban, se llenaban de polvo.

Cuando finalmente llegaban, eran un nudo.

El dueño del cine no tenía otra opción: cortar, rescatar los fragmentos que aún podían proyectarse y empalmarlos como buenamente podía. Así con todas las películas.

La única referencia que tenía ese pueblo del mundo exterior era una sucesión de secuencias rotas, conectadas sin lógica, sin continuidad. Y, poco a poco, empezaron a comportarse así.
Sin continuidad.

Nosotros no vivimos en un pueblo perdido en la Patagonia. Ni tenemos a un proyeccionista remendando historias como puede.
Pero tenemos un algoritmo que hace exactamente lo mismo.

Como el algoritmo sabe que no vamos a ver vídeos largos, los ha fragmentado. Nuestra forma de consumir contenido se ha convertido en una cadena de clips breves, conectados entre sí sin relación alguna.

Este fenómeno, ya bautizado como Clip Economy, consiste en la atomización de los contenidos largos en fragmentos cortos. Clips de podcasts, de streams, de entrevistas o de vídeos extensos que se convierten en la unidad principal de atención, distribución y, a veces, monetización.
En este modelo, el clip ya no es un teaser. Es el producto.

Cuando aquella taxista llegó al pueblo en los años 70, pensó que todos estaban locos.
Me pregunto qué pensaría si llegara hoy a cualquiera de nuestras ciudades.

De acuerdo