Las estrategias de branding se orientan a potenciar la marca como un elemento diferenciador y que aporta valor. A través de la marca damos foco, personalidad y relato a una empresa. Su historia, el propósito que la mueve, el punto de vista que tiene sobre el producto o el sector son de lo que se nutre una marca. Por eso, una marca es mucho más que un logotipo, un icono o una estrategia de comunicación.

A través del branding conseguimos nutrir a la marca con valor añadido a través de una plataforma estratégica, de un relato, de unas experiencias y de un conjunto de asociaciones positivas para sus productos y servicios y para la propia compañía. El branding es cada vez más importante debido a la creciente competencia y a la progresiva maduración de los mercados.

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Las empresas necesitan definir un posicionamiento para su marca, y hacerlo de acuerdo a unos objetivos claros y concretos, tratando también que la marca pueda transmitir una personalidad propia. Si lo hacen correctamente, serán capaces de generar sensaciones y emociones, imprescindible en mundo tecnológico y digital como el que vivimos. Esto es algo que se consigue a base de ser constantes y consistentes en el tiempo, llegando a consolidar un concepto único para la marca que permita ganar la confianza, la preferencia y la fidelidad de los clientes.

El valor del branding para las empresas

Una marca representa la imagen que tienen los clientes de nuestra empresa como negocio y como organización. Es el conjunto de significados y asociaciones que sugiere nuestra marca y sobre la cual se construirá poco a poco nuestra reputación. Con una estrategia de branding adecuada, las marcas pueden desarrollar todo su potencial y contribuir de forma decisiva al éxito del negocio. Y esto se debe a algunos factores clave:

  • Reconocimiento de marca: el branding ayudará a que los usuarios tengan una mayor facilidad a la hora de identificar una marca en su mente. Con un diseño simple, llamativo, potente y memorable es posible transmitir la imagen deseada por la empresa.
  • Confianza: la marca transmite no solo un posicionamiento y una promesa, sino también un discurso sustentado por una serie de atributos y razones para creer. Ser capaz de generar credibilidad es fundamental, puesto que los consumidores son más propensos a contratar o adquirir productos en un negocio que transmite confianza.
  • Beneficios económicos: una marca poderosa genera valor económico de diversas maneras: mayor rentabilidad, mayor crecimiento y menor riesgo.
  • Empleados más inspirados y motivados: cuando el equipo de trabajo entiende cuál es su misión y razón de ser, es probable que sientan orgullo de la función que desempeñan dentro de la empresa, así como de los pasos que deben seguir para lograr sus objetivos.
  • Sostenibilidad del negocio: contar con una marca poderosa garantiza la continuidad del negocio a medio plazo, alargando el ciclo de vida natural de los productos y asegurando la confianza en la empresa.

En definitiva, nos encontramos en un mundo digital y cambiante, en el que existe una creciente competencia, y en el que el branding cobra cada vez mayor importancia a la hora de generar valor añadido para la empresa. Las marcas deben adaptarse y buscar cuál es su propuesta de valor única para conseguir destacar en el mercado y alcanzar el éxito.

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