En muy poco tiempo han pasado dos cosas en Ferrari.
Por un lado el lanzamiento del primer Ferrari eléctrico diseñado, entre otros, por Jon Ive, el diseñador estrella de Apple. Estaba claro que lanzar un Ferrari eléctrico no iba a entusiasmar a los fans, pero no solo no lo ha hecho sino que ha resultado una de las peores caídas en bolsa de la marca en su historia.
De este rechazo se pueden hacer varias lecturas; que Ferrari no ha sabido adaptar su esencia a un motor eléctrico, que el diseño es poco deportivo o (y seguramente hay mucho de eso) la nostalgia por lo mecánico, lo puro, lo de antes.
Por otro lado Ferrari acaba de lanzar, casi como una manera de disculparse, la versión manual del modelo 12. Es una pequeña trampa, porque no es tanto una versión manual, sino una manera de simular el cambio manual en su caja automática. Pero el titular busca cobijo en la esencia de lo mecánico ante la abrumadora invasión de lo digital.

Lo mecánico versus lo digital podría parecer cada vez más dicotómico. Un poco pastilla roja o pastilla azul.
La azul, la digital, promete hacerte la vida más fácil y donde vas a tener que poner mucho menos de tu parte. La roja, lo mecánico te ofrece una alternativa más difícil, menos edulcorada, pero más pura, más real, más libre.
Los que vuelven a escuchar música en vinilo tienen que pasar por el trabajo de desenfundar, colocar y pinchar el disco. Más allá de que se escuche mejor la música, de lo que pueden estar seguros es que van a escuchar la música que quieren y no la que les sugiera un algoritmo.
Leo en varios lugares la tendencia de viajar sin Google o Apple maps, con los mapas de antes. Otra vez lo analógico como escape de lo digital.
Revistas físicas, espacios donde los móviles están prohibidos, cámaras analógicas, los meetups en librerías físicas, la vuelta de los juegos de mesa, la vuelta de las cartas físicas, los ipods restaurados…
Aquí es donde algunas marcas tienen una buena oportunidad. No se trata tanto de jugar la carta fácil de la nostalgia, sino de diseñar propuestas que exijan algo del usuario; que poseer implique cuidar. Fujifilm no vende cámaras retro, vende diales que te obligan a decidir antes de disparar. Los dumbphones como Light phone, no vende móviles capados, vende devolver viejos espacios a los usuarios de móviles. Los clubes de lectura, los bares sin pantallas, las carreras de barrio, todos ofrecen lo mismo, presencia obligatoria.
El cambio manual simulado de Ferrari apunta hacia la idea de que el futuro no está en elegir entre lo digital y lo mecánico, sino en hacerlos convivir. Aprovechar la precisión, la comodidad y la inteligencia de la tecnología sin renunciar al gesto, al control y a la implicación humana. Las marcas que entiendan este equilibrio no venderán nostalgia ni innovación por separado. Diseñarán experiencias capaces de reunir lo mejor de ambos mundos. Porque quizá la innovación no consista en eliminar la fricción, sino en saber cuál merece la pena conservar.
La pastilla roja no es salir de la Matrix. Es poder conducirla, de vez en cuando, con cambio manual.