El papel del libro : del ebook al impreso, ambos son branding

La cuestión de si el papel está condenado a desaparecer o a convertirse en un lujo ha consumido ríos de tinta -sobre papel-, millardos de ceros y unos en la nube y de horas, minutos y segundos en el reloj mundial de los debates sobre el presente y el futuro.

Por el momento nos recuerda aquella famosa frase de”los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, cuyo autor permanece todavía en el anonimato, habiendo sido atribuida a Zorrilla, a Lope, a Tirso y a medio siglo de Oro*. En la atribulada industria editorial – menos en la periodística, donde la crisis arrecia de verdad por muchas y más complejas razones- se vive un cierto síndrome de Pedro y el lobo, aquel delicioso cuento musicado por Serguéi Prokófiev. “Que viene el lobo, que viene el lobo… pero el lobo no acaba de llegar”.

El libro electrónico va consiguiendo adeptos pero no adictos -todavía-, mientras la adicción al libro impreso no da síntomas de ceder a pesar de los pesares, de que los libros arden mal como escribió Manuel Ribas y de que cada vez hay menos sitio para ellos en los pocos metros de las casas en que la modernidad parece dispuesta a recluirnos.

Entre tanto, los libros en papel se vuelven más y más fascinantes a los ojos en los anaqueles de las librerías y las ferias del libro se llenan de público y de colas para que los autores, esas estrellas mediáticas de nuestros días, añadan valor a sus renglones sembrando autógrafos en sesiones maratonianas.

Ambos formatos son branding

En Summa somos omnívoros. Todo nos parece bien mientras contribuya a difundir la exploración, el pensamiento, el conocimiento y el divertimento. Le hemos dado la bienvenida al libro electrónico, precursor de aquel cambio que Nicolás Negroponte, adelantado de la cultura digital, proponía: Átomos por bits. Pero que no nos quiten el placer de hojear un libro físico, hacer funcionar todos nuestros receptores de sensaciones, desde la vista al tacto, desde al olfato hasta el oído… porque también los audiolibros nos gustan sobre todo si las voces contribuyen a sumergirnos en el contenido.

Diseñar portadas: un trabajo sensible de interpretación del autor a la búsqueda del lector. Diseñar colecciones, un reto llamado identidad. Ambos, comunicación. Ambos, branding.

 

(*) Parece verosímil que sea una afortunada, por contundente, traducción de un verso de Corneille: “Les gens que vous tuez se porten assez bien”.

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