¿Y si el metaverso no fuese tan malo?

Rafa Soto

¿Y si el metaverso no fuese tan malo?

El metaverso es el lugar de moda. Es lógico. Nos despierta nuevamente la fascinación de lo inexplorado en un mundo donde ya parecía todo muy trillado. Donde todo hijo de vecino ha viajado a los mercados de oriente y los desiertos mongoles, y donde Instagram nos muestra con crudeza desde los bajos fondos de las ciudades hasta las camas dobles de los jets privados. Cuando ya estaba todo visto, el metaverso nos ofrece una nueva realidad que visitar.

Pero, aunque el metaverso esté muy presente ahora en nuestras conversaciones, no es nada nuevo. Todos oímos hablar en la edad media de Internet de Second Life, que sorprendentemente sigue vivo con un millón de usuarios de todo el mundo. Y a lo mejor os suenan juegos como World of Warcraft, que ya tenía su propia moneda. O superventas como Minecraft donde los usuarios crean y construyen sus propios espacios, o juegos como Fortnite que integran definitivamente la cultura del avatar y su personalización en toda la generación z.

La gran diferencia es que ahora va en serio.

La gran diferencia de este metaverso

Hay tres cosas que hacen que el metaverso sea ahora prácticamente inevitable.

1) Las criptomonedas y los NFTs le aportan un interés económico radicalmente nuevo y diferente a lo que conocíamos. Los metaversos están siendo ya, casi antes de existir, un marketplace con muchísima actividad.

2) El establishment ha puesto más dinero que nunca. Ya no es tanto un proyecto nicho de geeks, si no que grandes fondos y la industria del entretenimiento se está posicionando e invirtiendo considerables sumas de dinero.

3) Estamos preparados. Casi la mitad de la sociedad ya es nativa digital, y los que no lo somos pasamos la mitad de nuestro tiempo en pantallas conectadas. Estamos listos para entender y asimilar el gran cambio de narrativa que nos propone el metaverso: entrar en lugar de ver.

Y es precisamente ese cambio de narrativa, de punto de vista, el que nos produce más vértigo y miedo a lo desconocido. Nos asusta lo alienante que puede suponer dar la espalda a nuestra realidad para entrar en otra.

Metaverso, ¿una distopía o una oportunidad?

Por eso el metaverso polariza y enciende los puntos de vista tanto de los agoreros como de los entusiastas.

Para los primeros, ya nos lo decían, señala el principio del fin. La distopía de Wall-E; todos gordos apoltronados en nuestras butacas poniéndonos hasta arriba de basura y contenido facilón a modo de Soma Huxleyana. Un escape rápido de la realidad. Porque más allá del debate platónico de si ya vivimos o no en la realidad, el metaverso podría configurarse como una Matrix donde renunciaríamos a nuestra libertad más incómoda a cambio de una nueva libertad, un poco menos real, pero muchísimo más guay.

Los entusiastas en cambio, ven muchas oportunidades. No solo de negocio, sino también culturales y sociales. Porque en el fondo, para los más optimistas, estamos hablando de un nuevo mundo con nuevas oportunidades de hacer mejor las cosas.

A veces cuando me imagino el metaverso en la peor de sus caras, me imagino Benidorm.

Yo creo que como colectivo, somos perfectamente capaces de lo mejor y de lo peor. A veces cuando me imagino el metaverso en la peor de sus caras, me imagino Benidorm. Un espacio otrora virgen, convertido ahora en un exceso como resultado de la codicia y el cortoplacismo. De hecho, hay un proyecto de metaverso con mucho dinero detrás que se llama Bloktopia que consiste en un edificio de 21 millones de pisos. Ya sé que es un rascacielos imaginario, pero no deja de producirme un deja vu extraño.

Pero como colectivo también somos capaces de crear proyectos artísticos y urbanísticos maravillosos. Ofrecer herramientas y contextos para que los creadores creen, para que el arte siga ayudándonos a evolucionar como sociedad y cada vez tengamos un mejor acceso al conocimiento. Unos contenidos más inmersivos, más sinestésicos, más hermosos, más emocionantes. La sensación de entrar en una catedral y entregarse irremisiblemente a la belleza del espacio es muy parecida a la sensación de entrar con unas gafas de realidad virtual en espacio imaginarios. Quién sabe si mejor en unos años.

¿Y las marcas?

Más allá de que las marcas entren en el mercado de los NFT’s vendiendo bienes para vestir a los avatares o decorar sus casas, la gran oportunidad de las marcas, será la de expresarse a través de nuevas realidades. Nuevas realidades que les representen en todas sus dimensiones y nos parezcan estimulantes.

En versión analógica, eso es lo que sucede ahora con las flagship stores. Grandes proyectos de interiorismo donde las marcas se expresan no solo a través de sus productos, si no de la música, la gastronomía, los eventos o las experiencias. No solo se puede comprar, se puede jugar, tomar algo con los amigos, asistir a conferencias, etc.

Llevado al metaverso, hay que multiplicar las posibilidades de las experiencias que una marca puede ofrecer. Marcas acogiendo a personas en realidades imaginadas generarán toda una nueva narrativa repleta de nuevas posibilidades.

¿Cómo te acogerá Nike? ¿Y Quick Silver? ¿Tendrá un spot con olas en su sitio? ¿Y Patagonia, o Harvard o Tesla? Hacerse la pregunta de cómo te acogerá una marca me parece una de las preguntas más fascinantes que uno pueda hacerse desde el punto de vista de la experiencia de marca.

No nos asustemos

Y aunque pasearse ahora por Decentraland me parece alucinante, uno es perfectamente consciente de que todo está aún muy verde. Es verdad que hay marcas que tienen propuestas interesantes con arquitecturas y paisajismos trabajados. Con salas de espera super chulas con buena música y con juegos dentro de sus sedes. Hay que hacerse a la idea, aprender y empezar a tomar posiciones, pero de momento sigue siendo aún todo muy básico.

Faltan algunos hitos para que el metarverso coja velocidad. Metaversos potentes como Sandbox lanzan sus betas en enero del 22, Facebook se va a encargar de hacerlo muchísimo más grande y accesible. Apple lanzará en breve su gafas de realidad aumentada para los metaversos en AR y ya asoman guantes hápticos que transmiten sensaciones en las manos de las cosas que tocas en el metaverso.

No nos asustemos, al revés. Entramos en una nueva era de experiencias. Y entrar en los metaversos será como entrar en las plataformas de TV de ahora. Algunas serán mejores, otras peores, cada uno sabrá donde se mete. Pero siempre existirán los bares reales, la espuma de la cerveza recién servida y los prados verdes que, por otro lado, si viajamos y consumimos más en el metaverso, igual les damos un respiro.

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