Llega la revolución al mercado de la alimentación de gran consumo, y esta vez viene de la mano del consumidor.

 

Estamos en un momento de transformación profunda, de replanteamiento para las grandes corporaciones, que ven como desciende su cuota de mercado mientras sube la de pequeñas marcas que ofrecen alimentos que responden a esa nueva demanda.

Cada vez somos más los que buscamos un cambio en la manera en que comemos. Conscientes de que el ritmo de vida acelerado suele condicionar nuestra elección (precocinados, procesados…) en el punto de venta, no estamos dispuestos a renunciar por eso a nutrirnos saludablemente. Buscamos ingredientes naturales, que no estén modificados genéticamente, sin rastro de antibióticos, libres de conservantes, colorantes y saborizantes artificiales; y por primera vez, encontramos productos que cumplen con esa larga lista de requisitos en nuestra tienda habitual.

La venta de ese tipo de productos crece en casi todas las categorías y ya no basta con que el package se vistan por fuera de naturalidad. Gigantes del sector como HERSHEY van a empezar a modificar la receta de sus productos estrella no sólo eliminando aditivos artificiales si no también utilizando leche de vacas criadas sin la hormona rBST de crecimiento. Este cambio desencadena también un replanteamiento del modelo de negocio de sus proveedores (ganaderos, agricultores), de otra manera no sería posible.

 

Seguir esta filosofía puede costar a las grandes marcas recortes en su margen de beneficios y elaboraciones más complicadas, pero recuperar la naturalidad de los ingredientes y la esencia de sus productos puede ser la solución y el impulso necesarios para adaptarse al cambio, y para poder establecer un diálogo honesto con el consumidor que se preocupa y se informa.

La necesidad de las compañías tradicionales de comunicar al consumidor que están posicionándose de su lado en esta revolución, llega de la mano del diseño. Cuando el mensaje es la autenticidad, el posicionamiento y la identidad de marca se ven fortalecidos. Así mismo, el diseño del envase no necesita recurrir a lugares comunes que harían desconfiar al consumidor. Crear un look and feel contundente enfatizando de manera atractiva aquello que hace único a un producto, es la mejor y la más directa de las estrategias.

Si os interesa el tema y queréis profundizar un poco más, aquí os dejo el enlace al artículo que me hizo querer compartir con vosotros esta reflexión.

 

http://fortune.com/2015/05/21/the-war-on-big-food/

 

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