No es una errata, no se trata de emular al famoso líder espiritual indio, sino a Joseph Gandy, el arquitecto y pintor inglés.

 

Nacido en 1771, Gandy estudió arquitectura en la Royal Academy inglesa, donde destacó hasta el punto de lograr la Medalla de Oro de la institución y lograr financiación para seguir sus estudios en Roma.

En 1798, Gandy volvió a Londres escapando de las tropas napoleónicas y empezó a trabajar para John Soane, el reputadíssmo arquitecto inglés, responsable, entre otros, de la reforma y mantenimiento del Bank of England como arquitecto conservador.

Gandy llevaba seis meses trabajando en el estudio de Soane cuando pintó esto:

 

JosephGandyBankRuin

 

El Bank of England de Soane, mostrado como ruinas abandonadas. El equivalente a un puente de Calatrava hundido, o la cúpula del Reichstag de Norman Foster hecha añicos. Pintado por uno de sus empleados tras solo seis meses en el puesto de trabajo.

Eso es valentía, pero también es otra cosa, uno de los primeros ejemplos de lo que años después se ha llamado worst-case scenario planning, imaginar lo peor que le puede pasar a una persona, una empresa o un gobierno y describirlo en todo detalle, para poder imaginar después una forma de evitar ese destino.

Se dice que el gobierno de Estados Unidos organizó varias reuniones tras el 11S para protegerse de futuros ataques bajo esa perspectiva. Curiosamente se comenta que los invitados fueron en su mayoría escritores de ciencia-ficción. Parece que solo los artistas estén especialmente preparados para imaginar los mayores desastres.

Más allá de los gobiernos y los ataques terroristas, Shell o la compañía eléctrica Sudafricana Eskom tienen implementada la metodología del worst.-case scenario para chequear la calidad de su servicio y su agilidad a la hora de resolver indecencias, algo muy útil en servicios, pero igualmente de interés para todo tipo de marcas. Al fin y al cabo, que es la gestión de crisis sino un worst-case hecho realidad?

Gandy no expuso su cuadro en ninguna galería, lo regaló a Soane, quien apreció el gesto y lo conservó en privado durante años. No por vergüenza, sino como herramienta de trabajo: el Bank of England en ruinas es un gran ejemplo de memento mori, el recuerdo del fin inevitable de todas las cosas, por robustas que puedan ser en el presente.

Este es otro ejemplo de memento mori, menos artístico, pero más devastador: la duración media de las compañías en el índice Standard & Poor’s 500:

 

innosight_sp500

 

A mediados del siglo pasado, el CEO de una gran compañía podía imaginar su jubilación como CEO de una gran compañía. Hoy, apenas puede visualizar más allá de la siguiente década, y eso siendo generosos.

Sería bueno que muchos gestores de marca tuvieran el Bank of England de Gandy en el despacho y este gráfico bien a mano. Sería bueno que muchos consultores hicieran lo propio; la tendencia a pensar que el futuro es una extrapolación del presente nos hacer caer en dos trampas muy peligrosas: Por un lado genera una falta sensación de seguridad que muy fácilmente se transforma en complacencia y ninguneo de competencia emergente. Por otro, cierra nuestra mente a todo lo que puede ir mal, o lo que es lo mismo, provoca entrar en pánico cuando todo (en algún momento u otro) vaya mal.

 

Aprendamos de Gandy, pero sobretodo aprendamos de Soane. En lugar de matar al mensajero, colgó su cuadro en el despacho y pagó los estudios de arquitectura al hijo del pintor.