

El auge de las redes sociales ha provocado que la gestión de las marcas en estos contextos sea cada vez más compleja. El rol del cliente ha cambiado, pasando de ser un mero consumidor a ser un creador y un consumidor a la vez. Su interacción con las marcas es mucho más activa, influyendo libre, directa y abiertamente en la percepción pública que se tiene de ellas.
Se prevé que en muy poco tiempo más del 70% de las conexiones a internet se realicen desde terminales móviles. Esto requiere adaptar las marcas a los nuevos soportes e interfaces, debiendo adaptar algunos aspectos de su identidad y planificar con rigor la gestión de todos sus contenidos.